ANTONIO ORDÓÑEZ ARAUJO
<big>EDICIÓN NÚMERO IV</big>  

 
               Es uno de los hijos de El Niño de la Palma, nació en Ronda (Málaga) el día 16 de febrero de 1932.
 
            Sus antecedentes taurinos marcaron el rumbo de su vida, como también de sus hermanos que, sin menospreciarlos, estuvieron muy lejos de su altura taurina.
 
            El 20 de mayo de 1951 toreó en Madrid, hizo una faena memorable que lo catapultó a lo más alto de la novillería. Tomó muy pronto la alternativa en Madrid, siendo su padrino Julio Aparicio y como testigo tuvo al Litri. El toro se llamaba Bravío de la viuda de Galache y, aunque ya estaba en lo más alto de la tauromaquia, lo refrendó de tal manera que nunca descendió en su vida torera.
 Cautivó a todos los públicos: a los entendidos con arte y valor, y a los menos entendidos con su peculiar forma de ejecutar el toreo. En sus dieciocho años como matador de toros siempre tuvo el beneplácito de los públicos, no solo por su labor sino también por su perfección, clasicismo, naturalidad y empaque de su estilo. Se le podrá tachar de que no se entregaba tanto como de él se esperaba, o que no se estrechaba a la hora de matar o que dejaba caídas las estocadas deliberadamente, pero la verdad es que con capote y muleta hizo faenas que me quedan para siempre en la memoria y después pocas veces he sentido ese placer de espectador.
 

Él no toreó más de 74 corridas por temporada y algunos años menos. ¿Pero a qué se debe que un torero de su tronío no toreara más? Pues, sencillamente, no quiso, ya que él pensaba que para estar en condiciones óptimas un número mayor de corridas lo cansaría y no tendría la misma fuerza y pasión que encandilaba a su público. Así, se explica que toreros que torean más de cien corridas van a algunas plazas sólo para cumplir el trámite.
 
Al igual que los toreros tienen una plaza preferida, el público tiene un torero predilecto que en su tiempo fue Antonio. Y así es como Madrid, Sevilla, San Sebastián, Barcelona, Bilbao, Pamplona, Valencia, El Puerto y, en general, todas las plazas de primera estaban con él, amén de su Ronda natal.
 
Pero el éxito más grande lo consiguió en Jerez la inolvidable tarde de “Los Antonios”, en la corrida concurso de ganaderías. Torearon Antonio Bienvenida y Antonio Ordóñez mano a mano, fue tan apoteósica la corrida que los más viejos aficionados del lugar la recuerdan como un hecho histórico. Los dos salieron a hombros, Antonio Ordóñez cortó seis orejas, por eso en los videos de tauromaquia se recuerda esta tarde como la más completa de su vida torera.
 
Tuvo varias cogidas graves, entre las que recuerdo la de Madrid, Sevilla, Valladolid, Castellón, Maracay-Venezuela, San Sebastián y otras de menor importancia. Sin embargo, nunca acusó estos percances, sino que al reanudar sus faenas parecía fortalecerse con estas cogidas.
 
En el toreo actual salen algunos toreros que parece que van a ser estrellas rutilantes pero se pierden en el firmamento taurino y al poco tiempo nadie los recuerda.
 
Antonio Ordóñez además de ser uno de los toreros más grandes del pasado siglo también se preocupó de hacer renacer viejas formas de espectáculos taurinos, como son las corridas Goyescas, que en el marco de la plaza de su Ronda resultan de una belleza inigualable.
 
Por todo lo dicho un “ole” para todos los grandes como lo fue Antonio Ordóñez Araujo.
 
MIGUEL FERNÁNDEZ LAPAZ