JOSÉ TOMÁS, EL VALIENTE

   

         Fueron muchos los profesionales y aficionados al igual que de otros personajes cercanos a este enloquecido mundo de los toros que, hace pocos años, recibieron sorprendentemente la noticia que una gran figura de la época se había marchado de los ruedos y dudaban su vuelta a los mismos. A la insipiente retirada, otras personas faltos de interés y ajenas al caso, muy pocas, le dieron la mayor importancia de su decisión, ni a la épica trayectoria ni tampoco a la gran valentía de aquel hombre serio que todas las tardes aventaba quietud y serenidad ante esos astifinos cuernos que terminaban en punta igual a las agujas perforadoras del punto de cruz.

 

            El joven maestro de Galapagar, frío como el mármol, de cabello zahíno y de pupilas negras como las lentejuelas de sus vestidos bordados en azabache, muy semejantes a la mirada de los toros de sangre brava que quieren herir, José Tomás, torero siempre, ha vuelto a las plazas hace pocas temporadas para el bien de la Fiesta, mostrando su propia indiferencia y con el mismo motor de sus comienzos, ilusionado y tan luminoso como un amanecer que tañan los toques del reloj de cualquier campanario. Federico García Lorca, hoy hubiera dicho de su torería: “Tiene gotas de rocío/ las alas de ruiseñor/ frescuras claras de luna/ cuajadas por su ilusión”.

            Desde su reaparición, consiente el torero que lo esperaban, el joven matador ancló suelas de nuevo y revestido de responsabilidad, esfuerzo, sacrificio y riesgo, ha logrado una vez mas que a, sangre y fuego, encaramarse en el pedestal mas alto del trono de la Tauromaquia. Los aficionados no dejan de preguntarse ante tanta valentía: ¿Dónde está la estirpe del gladiador de luces? Yo creo que solamente tienen esa virtud los toreros valientes que llevan la fuerza de sus atributos masculinos que por volumen, se asemejan a las supuestas pilas del traje de luces. No, no es la pila de Volta, son las pilas a las que el valiente “Guerrita” les llamaban  ¿c…?  “riñones”.

            Su valentía no tiene la esclavitud del toreo. A los toros les da siempre un peligroso y arriesgado sitio de su inconfundible sello personal, que lo conjunta todo con el acercamiento, colocación, sentimiento, pureza y emoción. No hay escuela, sólo aplica la técnica del valor sereno y mucha profundidad en la lidia. Resumiéndolo todo esto, en el poderío que nace de su rudo corazón, más la frase típica y tópica de: “Mas cornás da el hambre”, en José Tomás, este no es su caso, posiblemente anteparandose a otra frase legendaria, pensó, que: “La valentía del cobarde, es la cobardía del valiente”. Simplemente no es cobardía, sólo es valentía, raza, ardor y entrega sin trampa de ninguna clase.

            El escalofriante toreo que tiene engendrado, ha sabido ajustar y poner de acuerdo a unos y a otros, aún más, a los auténticos puristas. La Fiesta Brava, ha encontrado de nuevo otra vez mas y para su público un sostén firme que enaltece y redondea un entusiasmo tal, que retoma un aliento fresco que impregna todos los cosos tarde tras tarde por esa torería única y temeraria que ostenta el madrileño, dando pavor por las formas de interpretar su personal estilo, con tanta quietud y verticalidad acentuada, cubriendo un perfil de torero singular y viril, llenando de esplendor a cuantas plazas se presenta.

            En José Tomás, a la verdad, lo que encierra en si mismo, le hace ser uno de los toreros de más corazón que suspira ante la cara del toro luciendo el nácar de su vergüenza torera.

 

 

Manuel GUTIERREZ TROYA

Presidente de la Asociación Cultural “GRANADA TAURINA”.