LA ALHAMBRA Y EL TOREO

 

JESÚS DANIEL LAGUNA RECHE

Licenciado en Historia

 

(sigue del número anterior)

 

            -Año 1800. La Alhambra estrena plaza de toros.

           

En cuanto a la plaza, la existencia desde el principio de una construcción específicamente destinada a correr toros es una incógnita. La escasez de referencias antes del siglo XVIII -ya se ha dicho que sólo conocemos dos- y el uso de los términos “patio redondo” o “plaza anfiteatro” nos hacen dudar acerca de si la Plaza de los Aljibes era en los primeros tiempos acondicionada provisionalmente para las corridas y más tarde se hizo el ruedo y sus gradas, o cualquier otra posibilidad. Suponemos que ya había una plaza de toros hecha al menos desde finales del siglo XVIII, cuya desmantelación el año 1800 marca el inicio de la presencia de importante cantidad de documentación referente a obras y reparos en el ruedo de la Alhambra.

            El deterioro de la antigua plaza y la próxima celebración de funciones taurinas llevaron a la Gobernación de la Alhambra a decidir la construcción de un nuevo ruedo, que comenzó a levantarse en mayo de 1800 y se finalizó varios meses después, aunque su estreno se hizo muy pronto, el día 8 de julio. Las obras fueron dirigidas por el profesor de arquitectura Antonio Manuel Molina, quien puntualmente iba tomando nota de los gastos, de los cuales entresacamos, por ser los más destacados, los siguientes:

            -3500 reales por ciertos tramos de empilastrado, sostenientes, quita cimbras, estribos, tendidos, encopete con todo el juego de tacos, zapatas para el segundo cuerpo con sus correspondientes graderíos, y otras faenas (?).

            -1700 rs por hacer la barrera del saltador de toreros que guarece toda la circunferencia, con apertura de hoyos, fijado de pilarcillos, apisonado de éstos, y demás hasta acabarlo.

            -887 rs por un cuadrante de suelo de cuadrado para el piso del segundo cuerpo, que se halla fijado entablado y concluido con su correspondiente enjabalconado a la parte de Poniente.

            -100 rs a Antonio de Checa por dos juegos de escaleras para subir a las gradas de los tendidos.

            -80 rs a Juan de Huertas por el aumento de dos gradas más que hizo en dicho cuadrante.

            -50 rs a Antonio Escalona, Juan Fren y José Matamoros por otra grada en dicho sitio y ochava del Mediodía.

            -263 rs a Sebastián de Viedma por siete arcas medianas, una puerta clavadiza y un escaño.

            -213 rs a Sebastián de Viedma por un carro de madera.

            -220 rs a Francisco García por siete hojas de puerta para jaulas en los toriles.

            -190 rs a José Alguacil por cinco hojas de puerta para el corral y salida del toril.

            -80 rs a José Callejas por los canes, tarimilla y balcón principal de mando.

            -24 rs a Antonio Aceituno por tornar las verjas del balcón.

            -251 rs a José Medina por hacer ciertos tramos de corredorcillo.

            -8 rs por dos quicialeras de hierro para la compuerta del potro.

            -24 rs a José de Toro, maestro tornero, por dos cilindros y dos carretes.

            Aparecen además otros libramientos de dinero para la compra de clavos (muchos de ellos hechos con el hierro de las picas de la Sala de Armas, fundidas al efecto), preparación del suelo con cargas de arena, armado de vayas, sogas, esteras de esparto para los asientos, y otros gastos de menor entidad. 

El día 7 de julio se concluyó el tramo de la parte Norte, se sentaron los corredorcillos y se repasaron los sostenientes, puntales y toriles. A partir de la inauguración muchas reparaciones se tuvieron que hacer por las noches, seguramente debido a la duración de las corridas y a que solían hacerse en días seguidos.   

            Parece que la nueva plaza de toros de la Alhambra no tenía muy buena fábrica, pues poco después de empezar a usarse ya hay anotaciones de ciertas reparaciones. A ello hemos de sumar las intervenciones realizadas para mejora y embellecimiento. Como ejemplos:

            -Entre octubre y noviembre de 1802 se renovó la arena de la plaza.

            -Ese mismo año se compraron 24 sillas para el público, realizadas por el maestro sillero Nicolás de Sola, a seis reales y medio cada una, y Luis Manjón encoló las de la galería. También se hizo una silla de brazos forrada para el balcón de mando; la hizo y pintó Miguel Valenciano, para cuyo efecto Antonio Picayo vendió el forro de badana acordobanada, tachuelas de metal y hierro, galón, cinta y lienzo.

            Las reparaciones hicieron poco efecto y por ello el 15 de septiembre de 1804 se realizó una tasación para realizar una reparación de urgencia.

 

            -Los toros y la conservación de la fortaleza. El dilema de la prohibición.

 

            Independientemente de que el público dispusiese de gradas, era práctica generalizada que en las funciones de toros la gente subiese a los tejados de las casas que rodeaban la Plaza de los Aljibes, con el consiguiente disgusto de la Junta de Obras y Bosques -residente en Madrid-, que en más de una ocasión pidió la prohibición de tal práctica, con el fin de evitar daños materiales y ahorrarse reparaciones innecesarias, aunque nunca se consiguió acabar con la costumbre popular.

            El 11 de febrero del año 1744 se ordena la citada prohibición, debido al mal estado de los tejados y las numerosas goteras. También se prohíbe la cría de palomas, ya que los pichones atraían a las garduñas, que anidaban en los tejados.

            El 23 de mayo de ese mismo año solicita la hermandad de Ntra. Sra. de la Hiniesta, sita en el convento de San Francisco, licencia para correr un toro con cuerda en la Plaza de los Aljibes. Se le concede la petición a cambio de que sus mayordomos se hagan cargo de los posibles daños causados por el público en la Casa del Emperador, el lienzo de muralla que va a la Alcazaba, la Torre del Homenaje y las casas contiguas a la plaza. El maestro mayor de obras, Francisco Pérez Orozco, ayudado por el sargento José Marín, el cabo Manuel Pérez Orozco y el soldado Bartolomé del Rincón, inspecciona los espacios por si hay peligro en caso de subir el público. Hecho el reconocimiento, se avisa a los dueños de las casas contiguas a la plaza, doña Margarita Valdivia, Juan de Gójar, Alfonso Sánchez, don José Caicedo y don Francisco Gabí, para que no permitan subir a nadie a sus tejados. Respecto a la Casa del Emperador, sí se permite su uso ya que la solería es de ladrillo y los únicos tejados existentes, “hechos pedazos y las maderas podridas”, miran a la parte trasera del edificio. Pasada la corrida dice el maestro mayor de obras que no ha subido nadie a los tejados y no hay daños.

            El deplorable estado de conservación que sufría la Alhambra y el abandono de muchas de sus estancias, que se encontraban en ruina, obligó a la prohibición total o parcial de las corridas de toros para evitar daños mayores.

            Por ejemplo, en 1749 la Junta de Obras y Bosques no permitió a la hermandad de Jesús de la Humildad celebrar tres corridas debido al peligro derivado del cercano almacenamiento de municiones de guerra; dicha Junta se quejó a la Gobernación de la Alhambra por haber permitido que uno de los mayordomos de dicha hermandad -muy posiblemente en nombre de ésta- pudiese organizar alguna corrida, a pesar de que el público fumaba “tabaco de chupar” y había pólvora cerca.

 

 

(continua en el próximo número)