LA ALHAMBRA Y EL TOREO

EDICIÓN NÚMERO V
     Además de tener la carga simbólica derivada de la culminación de la Reconquista, así como suponer el último paso antes de la consecución de la unidad nacional de España, la Toma de Granada por los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492 dio a Castilla la posesión y gobierno de la Alhambra, palacio-fortaleza sin igual en el mundo, cuya belleza todos conocían de oídas pero que pocos, muy pocos, habían podido admirar con sus propios ojos; era un misterio que iba a desvelarse, y de qué manera.

            En la Alhambra se instaló la Capitanía General del Reino de Granada, cuyo gobierno fue entregado al conde de Tendilla, don Iñigo López de Mendoza. En consecuencia, el recinto sigue teniendo función militar, y por ello sus estancias fortificadas se convierten en residencia permanente de soldados y sus familias. El resto de edificios y terrenos contiguos al palacio es poblado progresivamente por gente de baja posición social –artesanos y labradores sobre todo-, y el conjunto se convierte en una auténtica ciudad dependiente territorialmente del cabildo de Granada pero con una jurisdicción propia que incluía, por ejemplo, a las actuales Plaza de Bib-Rambla y calles Alcaicería, Oficios, Zacatín, Paños y López Rubio, entre otras.

            Esta situación se mantendría hasta que a partir del año 1870 aproximadamente los ministerios de Fomento y Bellas Artes iniciaron los expedientes de expropiación de casas y cuevas, a la vez que el gobierno de España dejaba de dar a la Alhambra uso militar.

            La reconversión de palacio-fortaleza a ciudad que sufrió la Alhambra obligó a realizar transformaciones, como la construcción de la Torre del Cubo –la de fachada semicircular-, un aljibe, la ex parroquia de Santa María o el convento de San Francisco, hoy Parador Nacional de Turismo, por señalar sólo las más relevantes.

            Otra transformación, la que aquí nos interesa, fue la construcción de una plaza de toros junto a la Puerta del Vino y sobre la explanada de acceso a la Alcazaba o “Patio de los Aljibes”, cuyo pozo da nombre al pequeño bar que utiliza como almacén el aljibe que fuera construido por orden del conde de Tendilla a partir del año 1494.

            La Gobernación de la Alhambra arrendaba anualmente en pública subasta la plaza de toros, construida entera de madera, a un particular o particulares asociados, y utilizaba las ganancias producidas para la reparación de tejados , murallas y torres del recinto. Conste, de todos modos, que también se celebraban festejos taurinos, no necesariamente corridas de muerte, fuera de la plaza, por las calles y vías públicas, casos en los cuales los tejados eran el asiento de los espectadores; luego tenía que ir el maestro de obras o “alarife” a evaluar los daños provocados por el público para proceder a su reparación.

            Las funciones toreras eran, por los beneficios económicos que reportaba, objeto de una vigilancia importante y cuidado por parte de la Gobernación de la Alhambra, de modo que las cláusulas de los contratos eran bien claras, así como se pretendía tener bien mantenida la plaza, que no debía de tener muy buena fábrica a juzgar por lo que dicen los documentos, y bien completo el material torero, como cuerdas, banderillas, estoques, objetos para el embolado, etc. Especial mirada se hacía al ganado de lidia, y a este respecto algún problema generó cierta remesa de toros mansos y no aptos, que aburrieron a la gente y echaron por tierra la recaudación, pues dejó de ir público. Era el años 1800 y el ganadero Alfonso Pérez Cid, que había contratado la venta de 40 toros. Había mandado los mejores toros para las primeras corridas, pero con los que quedaron nos dieron chasco, pues eran absolutamente mansos, lo que causó el mayor descrédito de la plaza, en términos que fue necesario ocultar el dueño del ganado por haberse perdido las entradas de la sexta función...

            La celebración de estos espectáculos taurinos ha dejado bastantes documentos. Durante los seis meses en los que tuve el privilegio de trabajar como becario en el Archivo Histórico de la Alhambra pasaron por mis manos muchos expedientes sobre temas taurinos, sobre todo de principios del XIX. De ellos extraigo las noticias curiosas que el espacio disponible me permite.

            En la pieza L-171-32 encontramos esta curiosa petición:

            Señor Alcalde Gobernador: Juan Antonio Molina tiene 15 cerdos de varias edades, pesos y señales, y quiere celebrar en la plaza de toros de la Alhambra una corrida de novillos para sortearlos. Se ofrece a pagar 2500 reales. La corrida quiere celebrarla en carnaval y si no el día de san José. El pagará los gastos de conducción del ganado, cabestraje, toril, plaza, administración; 2 reales la entrada, pudiendo los agraciados, sacados uno a uno, elegir su cerdo. Debe el Gobernador autorizar que los cerdos anden libres por la jurisdicción de la Alhambra para que la gente los vea hasta el día del sorteo. (28 de enero de 1803. Aceptada al día siguiente).

            En la misma pieza vemos el contrato de arrendamiento de la plaza para el ejercicio 1803-1804. Don Francisco de Siles y don Luis de Morales pagan un total de 65000 reales, y aceptan estas condiciones:

            -Comienza el contrato el día de Pascua de Resurrección de 1803 y acaba el Miércoles de Ceniza de 1804.

            -El empresario es dueño de hacer funciones de muerte o novilladas en días de fiesta o trabajo, por la tarde o por la mañana.

            -Si se suspende por muerte de un miembro de la Familia Real, peste, incendio, ruina, etc., sólo se hará cargo económico a los empresarios por el tiempo que hayan aprovechado.

            -Podrán hacer en la plaza rifas, juegos e “inventivas” para atraer público, pero acabará el contrato en caso de ir contra la libertad de la gente.

            -Los empresarios pagarán el ganado de lidia y los vaqueros, y recibirán los toros el Viernes de Dolores, pagando 1000 reales por cabeza, adelantando 10000 en la firma del contrato. El precio de los cabestros será fijado por peritos. Rendirán cuentas el Miércoles de Ceniza y darán de hipoteca fincas de más de 30000 reales y sin ningún cargo ni gravamen.

            -La Dehesa de la “Casa de las Gallinas” será abrevadero y apartadero del ganado, y el guarda de éste y el de la plaza de toros se pagarán a cuenta del Real Patrimonio.

            -La plaza estará siempre en condiciones de uso, para comodidad del público.

            -Las sillas de la plaza y demás objetos se entregarán a los empresarios con un inventario para evitar pérdidas. Se guardarán en una estancia de la Alhambra que podrán usar con toda libertad.

            -Los empresarios harán los carteles y deberán presentarlos al Gobernador para que autorice la impresión. Luego se darán copias a los oficiales Reales para que sepan cuándo hay función. Dichos oficiales pueden entrar gratis a las funciones, junto a los tres espectadores que salen premiados con función gratis en cada corrida.

            -Los empresarios disponen a su voluntad de todos los balcones excepto del de mando y el del Gobernador y el asesor.

            -Todos los gastos de las funciones de tropa, música, rifa, encierros, toreros, caballos, aseo y riego de la plaza corren por cuenta de los empresarios.

            -El contrato sJESÚS DANIEL LAGUNA RECHEe abonará en ocho pagas, la primera el 24 de abril, y el resto los días 24.

            -Las funciones se harán en nombre del Rey.

            -No se hará función de toros cuando la haya en la Real Maestranza de Granada.

            Los empresarios que firmaron este contrato se quejaban de que otra persona había ofrecido 40000 reales más que ellos, aunque estaba inhabilitado para ello por estar preso por malversación en ese negocio. Pidieron por eso no se aceptase su puja.

            Más adelante, en la misma pieza, aparece la respuesta dada desde Madrid a una petición del Gobernador de la Alhambra pidiendo autorización para reparar la plaza de toros, muy deteriorada a pesar de su reciente construcción (entre mayo y el 8 de julio del año 1800, día de su estreno). El maestro mayor de carpintería de la Alhambra, Luis del Águila, hace la inspección y dice que hacen falta nuevos pilarotes en que descansan los borriquetes (por estar podridos en la parte enterrada), hay que empalmar los pies derechos que empalman las carreras, reparar los formaletes que sostienen las gradas y reparar las barreras con alfajias de 3 varas. El peligro es grande y la tasación, hecha el 15 de septiembre de 1804, asciende a 4600 reales.

            El día 9 de marzo de 1803 el tesorero don Lorenzo Velasco y Godoy entregó los siguientes efectos para funciones de toros de la “plaza anfiteatro”: 4 sillas de montar a la jineta, con sus arreos completos y estribos de hierro; 12 varas de picar con sus lengüetas y casquillos; 2 garabatos de asegurar las cuerdas para embolar; 4 varas de apuntar los toros; un capuchón de esparto para guarda y tener prontas las banderillas; 3 llaves para embolar los toros; 16 bolas con su herraje para los toros; 1 cuerda de cáñamo para embolar; 5 mesas de pino con cajón y dos llaves cada una; 150 sillas de anca blanca para funciones; tres jaeces de mulas, reducidas a mantillas y banderillas; un palo de tirante con su gancho de sacar toros, y las cuerdas completas del toril.

            Fuera del contrato quedaban la carne y despojos de los toros, que se arrendaban aparte. En el año 1800 se especificada que los toros serían pesados luego que se acaben de desollar, y el pago se haría a dinero contante y no en vales en el acto mismo de hacer los pesos. Los despojos los ha de satisfacer a precio de treinta y cuatro reales cada uno, y se entienden la cabeza, asadura, tripas, panza, lengua y manos, y se le han de abonar por el desuello de los toros 24 reales cada uno. Los inconvenientes que puedan ocurrir de cortarlos, conducirlos y demás que puedan ocurrir serían de su cuenta, cargo y riesgo, y a los oficiales que los desuellen sólo se les ha de consentir que saquen los rabos, soletas, falda y riñones, todo con arreglo y sin el menor desorden. Las astas no se entienden vendidas en este ajuste.

            En la pieza L-296-1(76) aparece esta demoledora petición de un ganadero pobre:

            Pegalajar, 18 de julio 1804.

            Señor Gobernador y de mi mayor estimación: me alegraré que Vuestra Señoría esté bueno, en compañía de la señora y familia. Yo estoy en una cama malo, y me veo en la premisa de que Vuestra Señoría haga por que se me satisfaga el resto de los novillos que se me deben, pues los segadores han acabado y el trigo que he cogido es muy poco y malo, y por el amor de Dios hágalo Vuestra Señoría, pues de tener que vender trigo es la pérdida de mi casa, que me quedo sin grano para volver a sembrar, y a lo menos cuando no sea el todo de los 6 novillos restantes, que sea algún dinero hasta que yo vaya y ajustemos las cuentas. De Vuestra Señoría su afectísimo servidor que su mano besa. Antonio Ruiz.

            Valgan estas referencias como pequeña muestra de la amplia relación que hubo entre la Alhambra y la tauromaquia, y que espero sea del agrado de lectores y amigos de tan entrañable espectáculo, símbolo universal de España y orgullo de su cultura.

JESÚS DANIEL LAGUNA RECHE