LAS EMOCIONES EN LOS TOROS

    

ANTONIO D. GALLARDO MARTÍNEZ.

LDO. EN PSICOLOGÍA POR LA U. DE GRANADA

 

 

Estimados lectores: una vez más aprovecho la oportunidad que me brinda la peña taurina “Tendido Cero” para poder colaborar en su magnífica revista anual. De nuevo podré exponer algunas de las analogías que se producen entre ciencia psicológica y tauromaquia.

 

En esta ocasión analizaremos las principales emociones que sienten nuestras figuras del toreo en cada corrida. Pero antes debemos explicar algunos conceptos previos, que, sin ánimo de ser exhaustivos, son necesarios para el desarrollo de nuestra “faena”.

 

En cada instante experimentamos algún tipo de emoción o sentimiento. Nuestro estado emocional varía a lo largo del día en función de lo que nos ocurre y de los estímulos que percibimos.

 

Las emociones son experiencias muy complejas y para expresarlas utilizamos una gran variedad de términos, además de gestos y actitudes.

 

Podemos clasificar las  emociones  como positivas o negativas en grados variables y de intensidad diversa. Es decir, toda emoción representa una magnitud o medida a lo largo de un continuo, que puede tomar valores positivos o negativos.

 

¿Qué es lo que mide cada una de nuestras emociones? ¿Qué significa 'positivo' y 'negativo' en nuestras emociones?

 

Los organismos vivos disponen de mecanismos perceptivos que les permiten reconocer aquellos estímulos que son significativos para su supervivencia: para obtener comida, para protegerse de un ataque, etc. Pero la percepción cubre sólo una parte del problema. La percepción tiene como objeto reconocer los estímulos, saber qué son.

 

Esto no es suficiente para un ser vivo. Además, necesita saber si esto que ha percibido (que ya ha reconocido) le es útil y favorable para su supervivencia o no. ¿Qué mecanismos tienen los seres vivos para determinar si lo que han percibido es favorable para su supervivencia o no?

 

V.J. Wukmir (1967) planteó que tales mecanismos son las emociones. La emoción es una respuesta inmediata del organismo que le informa del grado de favorabilidad de un estímulo o situación. Si la situación le parece favorecer su supervivencia, experimenta una emoción positiva (alegría, satisfacción, deseo, paz, etc.) y si no, experimenta una emoción negativa (tristeza, desilusión, pena, angustia, etc.). De esta forma, los organismos vivos disponen del mecanismo de la emoción para orientarse, a modo de brújula, en cada situación, buscando aquellas situaciones que son favorables a su supervivencia (son las que producen emociones positivas) y alejándoles de las negativas para su supervivencia (que producen emociones negativas)

 

Aplicando la teoría de Wukmir al arte del toreo encontramos un gran número de emociones que se dan en los toreros durante un festejo taurino. El modo más explícito de demostrar esto es a través de un cuadro comparativo (ANEXO 1) en el cual expondremos las emociones, si son positivas o negativas y por último en el momento que más se repite en cada corrida.

 

Bibliografía.

·           Wukmir, V.J., (1967): Emoción y Sufrimiento. Barcelona: Labor.

·           Reeve, J. (2003). Motivación y emoción (3ª ED.). México: McGraw Hill Interamericana

·           Fernández-Abascal, E. G. (1997). Psicología general. Motivación y emoción. Madrid: Ramón Areces.

·           Garrido, I. (1996). Psicología de la motivación. Madrid: Síntesis.