ISLERO

 

El  “ quinto toro” de Miura se llamaba Islero. Procedente de la casta Cabrera fundada por Rafael José de Cabrera en Sevilla en el siglo XVIII,  los Miuras son toros de gran tamaño corporal con variedad de pelajes, dándose negros, colorados, castaños, cárdenos y con menor frecuencia salineros y sardos. A estos pelajes les acompañan accidentales variados destacando el salpicado, girón  y chorreado. Son estos toros, largos, altos de agujas, con el tipo galgueño, el cuello largo  poco enmorrillado y la cabeza alargada con grandes ojos de mirada viva. Desarrollan sentido durante la lidia y aunque muchos son todavía ilidiables van mejorando en bravura y calidad. De astas muy  desarrolladas y gruesas por su base, son toros difíciles que por tanto dan emoción durante el transcurso de la faena.

                       

En la plaza de “ Las Margaritas “ de Linares con motivo de la feria y fiestas de S. Agustín, Pedro Balañá organizó el día 28 de agosto de 1947 una corrida de toros del ganadero Eduardo Miura en la que toreaban los diestros Gitanillo de Triana ( Rafael Vega ), Manuel Rodríguez Manolete y Luis Miguel Dominguín.

 

“Islero” aunque era cornicorto, no tenía mal trapío presentando las singulares hechuras de los Miuras. Era huesudo, largo y agalgado, negro, algo entrepelado y bragado. Su peso exacto a la canal fue de 295 Kg. es decir un toro muy bueno de carnes. Existen muchas contradicciones en lo que se refiere a sí “ Islero “ estaba o no afeitado. Lo cierto y está contrastado históricamente es que en  tiempos de Manolete  no se abusó mucho del afeitado, llamado en esa época despunte. La era de desmochamientos fue post-manoletista. Personas cercanas al torero  decían que a Manolete no le gustaban los toros arreglados porque le punteaban. De hecho nunca hubo ningún escándalo de afeitado que tuviera por protagonista directo a Manuel Rodríguez. Esto no quiere decir que no se enfrentara a toros con las astas supuestamente manipuladas. Islero era cornicorto y astigordo y nadie ha reconocido  ni demostrado que estuviera afeitado.

          

Se ha dicho- lo he leído en diversos textos- que los toros no se tocaron en la finca de Miura. El propio ganadero  ha afirmado siempre con rotundidad que “Islero” no se afeitó y que es falso que el toro hubiera estado en San Sebastián donde supuestamente se  manipularon sus cuernos. Por otro lado, se acusó a Domingo Dominguín (Domingo González Lucas, hermano de Luís Miguel ), de afeitar la corrida en los corrales de Linares, pero se ha demostrado que Domingo no estuvo ese día en Linares hasta bastantes horas después de que ocurriera la mortal cornada. Está contrastado que  Domingo era socio de la empresa taurina Rodríguez -Maestre   organizadora de  los festejos taurinos de Almagro programados para los días 23 a 27 de agosto. Estuvo todos esos días en Almagro y fue el 27 por la noche cuando  tras hacer cuentas  se despidió y se fue para Madrid. Por tanto no vio la corrida del 28 en Linares.

 

 La cabeza de “Islero” no existe. En la taberna “lagartijo de Linares” se exponen los supuestos pitones de Islero que fueron recogidos por los carniceros que tenían la contrata de la carne en la plaza de toros. Fue lo único que quedó ya que el toro lo descuartizaron entero

 

El ganadero ha dicho que “Islero” era un toro normal. Con buenas hechuras y un poco abrochado, que se lidió como es lógico con los cuatro años cumplidos. Se tentó de becerro en acoso y derribo dando un juego normal. El padre se llamaba Formalito. La madre  era una vaca mulata marcada con el nº 226 llamada Islera, cuya cabeza está disecada y depositada en el museo de la Real Maestranza. La corrida de la que formaba parte Islero no estaba en principio destinada para Linares, sino para Murcia, pero Pedro Balañá, el empresario la cambió a última hora y la destinó al coso de Linares por el mismo precio.

 

La corrida empezó a las cinco y media de la tarde, era la primera de feria y la entrada en sombra costaba 95 pesetas. En los tendidos había aficionados de toda España y como testigos presenciales se pudo ver a Álvaro Domecq, Antonio cañero, K-Hito y otros. ”Islero” formaba parte de un lote que no era el bueno de la tarde. Al Miura se lo ceñía ajustadísimo por el lado derecho, y el toro fiel a su casta aprendía más y más a cada pase  presintiendo el público que la cogida podía producirse antes de entrar a matar. La estocada fue al volapié, pero el astado lo cogió al encuentro después de una gran faena,  Manolete entró a matar recreándose a cámara lenta - El público enmudeció, se mascaba la cornada, el recorrido se hizo interminable y él, torero y toro, trascendieron sincrónicamente-. A las seis y cuarenta y dos minutos la sangre empapaba la arena, las medias y la taleguilla. ”Islero” se dirigió a las tablas y allí dobló. Las dos orejas y el rabo se las llevó un peón a la enfermería.

 

A la hora de la verdad, Manolete hundió el estoque  en el morrillo hasta la empuñadura. Él era un estoqueador perfecto, pero “Islero” también hundió su pitón derecho en la parte alta del muslo derecho en el llamado triángulo de escarpa, desgarrando fibras musculares, seccionando la vena safena, contorneando la femoral  y el paquete vascular nervioso. La cornada fue profunda, de caballo, con dos trayectorias que sumaban un total de 35 cm. La operación en la enfermería de la plaza duró cuarenta minutos. Manolete no dejaba de sangrar. Después vinieron varias transfusiones de sangre y un plasma   Noruego, posiblemente en mal estado,   que había sido donado al gobierno Español para los heridos de la explosión Gaditana de la noche del 18 de agosto, en la que estalló un depósito de minas almacenadas durante la guerra civil, en el depósito de torpedos de la base de Defensas Submarinas de San Severiano, al lado de casas de miles de criaturas. Oficialmente murieron 152 personas, hubo 5000 heridos y 2000 edificios quedaron dañados. Aquella noche Antonio Machín tenía prevista una actuación en el Cortijo  los Rosales, (sala de fiestas muy de moda en la tacita de plata en esa época, a la que acudían  veraneantes  de familias acomodadas de Córdoba, Sevilla y Extremadura), pero no pudo cantar sus boleros.

 

Y de drama en drama: “Islero” murió sin puntilla, pero el toro Miura  mató a Manolete y para gloria y tragedia ha pasado a la posteridad.

 

Manolete expiró a las cinco y siete minutos del día 29 de agosto de 1947. Murió con treinta años, él, que había nacido el 4 de julio de 1917 con espléndida salud.

 

  “Islero” no tuvo la culpa, ni nadie.

 

ANTONIO ORTIZ MARTÍNEZ

VETERINARIO