POESÍA A ANTONIO ORDÓÑEZ

 

 

Al hablar de este torero

me queda la sensación,

que por mucho que yo escriba

siempre me falta un renglón.

 

El arte que atesoraba

de su padre lo heredó,

y en los ruedos de las plazas

con gallardía lo derrochó.

 

Su padre lo tuvo todo

y todo lo despreció.

El hijo que fue un torero

de arte y pundonor,

con los infundíos toreros

que solo regala Dios.

 

Acaparó de las gentes

el cariño y la emoción

del público que se entrega

cuando ve que hay un torero

de verdad y de corazón.

 

Su capote fue profundo

valiente y dominador

artista donde los haya

y rezumando esplendor.

 

No hubo un torero en su época

que a el se pueda comparar,

ni en personalidad profunda

ni en su manera de andar.

 

Con muleta fue tan grande

que rozó la perfección,

y por eso en los tendidos

provocaba la emoción.

 

Si Sevilla está orgullosa

de Curro “Puya” y Belmonte

de José y de Rafael

tu también dejaste arte

para el que quiera aprender.

 

 

MIGUEL FERNÁNDEZ LAPAZ