TOROS, GANADEROS Y TOREROS

 

MIGUEL FERNÁNDEZ LAPAZ
 

 

Se da por supuesto que ganaderos y toreros son los que deben velar por nuestra fiesta taurina.

Pues no ha sido así… en los últimos cincuenta años no solo no se han cuidado nuestros encastes de toros bravos, sino que se han ido arrinconando hasta el punto que alguno de ellos se encuentran en peligro de extinción.

Como aficionado no tengo más remedio que hacer una crítica severa de todo el estamento taurino porque ellos y nadie más que ellos son los verdaderos culpables del daño causado a nuestra fiesta taurina.

Hace pocos días, escuché decir a Juan Antonio Ruiz “Espartaco” que sería bueno para la fiesta taurina que los toreros mataran corridas de todos los encastes y me parece bien, si esto lo hubiese hecho él cuando fue figura del toreo. Mi memoria me dice que casi toda su carrera como matador de toros estuvo basada en matar corridas del encaste Núñez. También recuerdo cuando se encerró en Sevilla con los seis Miuras, él sabrá el quinario que tuvo que pasar.

Puede ser que se haya dado cuenta que para ser una gran figura del toreo, hay que matar estas corridas y así poder conocer los distintos encastes y su comportamiento para después poder aplicar la lidia correspondiente, teniendo en cuenta el encaste y el toro que tenga uno delante, porque aunque sean del mismo encaste ningún toro es igual en su comportamiento durante la lidia teniendo aún así muchas cosas parecidas, como son las querencias, la forma de embestir y tendencias que solo ven algunos toreros.

A Juan Antonio le doy las gracias por lo que dijo, más vale tarde que nunca.

GANADEROS.-

Juan Pedro Domecq, que en paz descanse, teniendo como base el encaste de Beragua creó el toro que ha mandado en la fiesta taurina durante años, consiguió un toro de fina estampa y con trapío suficiente para cualquier plaza de primera, si a esto añadimos que cumplía en los tres tercios, que no creaba muchos problemas en su lidia, el éxito fue inmediato.

Pronto fue demandado por las figuras del toreo y cuando Juan Pedro creó este toro se supone que lo hizo por el bien de su propia ganadería y de la fiesta taurina. Ni él ni nadie podía suponer el daño que esto iba a causar en nuestros encastes.

Comenzaron a comprarle vacas y sementales, para formar nuevas ganaderías, la mayoría de estos no eran ganaderos sino “ganaduros”. Como es natural Juan Pedro de todo lo que tentaba, lo mejor se lo quedaba para él, y lo restante sería lo que vendió a estos ganaderos quienes vendían casi todo lo que salía porque como todo lo que venía del encaste Domecq estaba muy solicitado y estábamos en tiempos de bonanza, todo valía. Pero como no supieron conservar la casta que compraron ni refrescar la sangre de sus toros casi todos quedaron tan descastados que era de pena verlos en el ruedo teniéndolos que levantar a rabo.

Pero el daño ya estaba hecho, porque entre Juan Pedro Domecq y todos estos nuevos ganaderos tuvieron el mercado del toro bravo cubierto en un porcentaje tan alto que la mayoría de los encastes puros tuvieron que reducir el número de animales en más del 60% porque no vendían.

Ganaderías como la del Conde de la Corte que es la motriz de muchos encastes como son el de Atanasio Fernández, Celestino Cuadri, Dolores Aguirre, Carlos Núñez, tuvieron que reducir su producción a la mitad para poder subsistir.

En iguales circunstancias se encontraron la mayoría de nuestras ganaderías como Santa Coloma, Murube, Pérez Tabernero, Lisardo Sánchez, Barcial, Saltillo, Guardiola Soto, Mª Luisa Pérez de Vargas, todo lo de Pedrajas y Contreras, ganaderías que mantuvieron la pureza de su encaste.

Estoy seguro que nos harían emocionarnos en las plazas como también sé que no podría ser a corto plazo, porque estos encastes necesitan ser bien lidiados y aunque tenemos buenos toreros, carecemos de lidiadores, por la sencilla razón de que no han necesitado enfrentarse a toros que sea más importante la lidia que torear.

La esperanza no la debemos perder porque tenemos la semilla y la casta, reliquias que como sea tenemos que cuidar.

Un ejemplo tenemos en la ganadería de Lisardo Sánchez de Salamanca, ganadero relativamente joven. Cría el toro de siempre que está entre los 500 y 550 kg con trapío necesario para cualquier plaza pero con la casta que tiene que tener y su puntito de picante que es lo que le da emoción. Las novilladas las vemos más en Francia que en España y las cinco o seis corridas que tiene cada año las tiene vendidas en Francia porque allí el ganadero que triunfa y no defrauda siempre tiene las puertas abiertas.

TOREROS.-

Los mal llamados figuras del torero que tenemos, son los culpables de que no veamos en las plazas la gran variedad de encastes que tenemos. Ellos y sus apoderados son los que eligen las corridas dicen que es porque tienen más garantía de lucimiento pero no dicen que es porque son más cómodas para ellos.

De siempre cuando alguien ha sido figura del toreo, ha sido porque tenía unos conocimientos de la lidia y del comportamiento de los distintos encastes muy elevado y en la plaza lo demostraba.

Si Domingo Ortega levantara la cabeza y viera que las figuras del toreo no torean más que dos encastes que son los de Juan Pedro, Núñez y rara vez un Santa Coloma, seguramente volvería a vestirse de torero para enseñarles como se lidia un toro encastado.

A las figuras de antes también les gustaban las corridas cómodas pero cada temporada mataban cinco o seis corridas de las llamadas duras su orgullo de toreros se lo exigía y como podían hacerlo no les causaba ningún trauma.

Las figuras actuales tienen una técnica casi perfecta y torean de maravilla pero cuando un toro les plantea problemas, tiran por la calle de en medio y lo matan sin más.

El maestro Enrique Ponce cuando un toro tiene dificultades lo va toreando por la izquierda, por la derecha, por arriba, por abajo para sacarle lo que tiene. Eso es la lidia. Debían muchos toreros tomar nota y aprender de él porque ya no quedan lidiadores.