COMO VER UNA CORRIDA DE TOROS

ANTONIO ORTIZ MARTINEZ

Veterinario de la Plaza de Toros de Granada

 

Don Ramón María del Valle Inclán decía “ Respecto a los toros, me entusiasman sólo que a mí me parece que el público no entiende una jota de toros, los críticos menos que el público y los toreros menos que el público y los críticos; yo creo que el único que entiende de toros es el toro.

Muchos de los espectadores que asisten a una corrida de toros desconocen el misterio de lo que observan. Detrás de lo que ocurre delante de sus ojos hay un mundo variadísimo de situaciones que si supieran valorar y descifrar podrían percibir parte del entramado de un arte único e irrepetible. Efímero, ya que sucede en un estrecho y limitado periodo de tiempo.

Muchas de las obras que han logrado los más grandes toreros de todos los tiempos, no tienen que envidiar a ninguna categoría artística como la de los mejores intérpretes de la música, de la literatura, de la arquitectura, de la pintura……Como ejemplo me remito a la extraordinaria corrida de toros protagonizada en Nimes por José Tomás el 16 de septiembre de 2012. Todavía me suena en la imaginación el viento suave de la emoción del desafío de la vida jugando con la muerte. José Tomás es un revolucionario que busca la libertad en el mundo del arte.

Lo primero que tiene que hacer un espectador que al acercarse a una corrida de toros sienta la simple capacidad de emocionarse, aún sin entender ni papa de lo que ve, es mostrar curiosidad por conocer el Reglamento de Espectáculos Taurinos.

La primera relación del hombre con el toro fue la caza para sustento, mas tarde convertida en destreza y deporte con los encierros de los animales en las poblaciones, pasando por la creación de las corridas caballerescas en el siglo XVI, hasta las primeras corridas a pie celebradas en pleno siglo XVIII.

De las plazas mayores utilizadas como recintos taurinos hemos pasado a una espectacular arquitectura única en el mundo de las plazas circulares. Madrid fue la primera capital del mundo en conocer una plaza de toros permanente de forma circular. Se pasó por tanto de una planta cuadrangular a la circular sencillamente porque el círculo posibilita una mayor capacidad de aforo y una visibilidad prácticamente uniforme, sin ángulos muertos, sin esquinas donde refugiarse las reses. El suelo es de arena apisonada para que no resbalen toros ni toreros. Cada época marca el estilo arquitectónico de la construcción del edificio, que se ha ido incorporando al urbanismo de los pueblos y ciudades.

La capacidad ideal de aforo de una plaza estaría alrededor de los doce mil espectadores para que no hubiera localidades muy alejadas del ruedo, y el público se pudiera comportar como un coro que al unísono manifestara su criterio. Las localidades altas privan de detalles importantes, como los gestos del torero y la mirada del toro. No en vano las más cercanas al ruedo son las más caras. Los toreros suelen hacer su faena en sombra, salvo ocasiones de viento, y condiciones del toro, en que pueden elegir otro lugar. A mí personalmente me gusta la media distancia.

El ruedo está delimitado por una barrera que lo circunda. Detrás está el callejón y el muro a partir del cual se inicia el tendido. La barrera o valla de madera tiene tres o cuatro huecos para que los toreros puedan entrar o salir al ruedo protegidos por los <burladeros> para que los toros no puedan entrar en el callejón y los toreros puedan refugiarse en caso de apuro. En los ruedos más grandes no debería de haber más de cinco burladeros. Lo ideal es tres o cuatro para evitar exceso de ventaja de los toreros.

El callejón es el lugar en el que se sitúan las cuadrillas, el delegado gubernativo, miembros de la empresa, fuerzas de orden, veterinarios, servicio médico y otros profesionales que participan en el evento. Para ello hay dispuestas pequeñas localidades protegidas por burladeros.

La barrera tiene cuatro portones de 3 metros de luz, de dos hojas, que se pueden abrir. Uno de estos portones da a la puerta de toriles que es por donde salen los toros al ruedo. En los toriles están los chiqueros, unas habitaciones individuales oscuras de ajustadas dimensiones donde aguarda cada toro hasta que sale para la lidia. Los chiqueros se comunican entre sí con un pasillo que da a los corrales, que son dependencias en las que se guarda el ganado cuando llega a la plaza.

Los toros deben de llegar a la plaza con una antelación mínima de 24 horas con respecto a la hora del festejo, para ser reconocidos por los veterinarios de servicio. Los toros devueltos deben ser cambiados por otros. A veces esto no sucede y se torean bajo responsabilidad del ganadero. Otras veces es el presidente de la corrida quien los recata para evitar que la misma sea suspendida. Son los toreros los responsables de la mala presentación de los toros que torean, porque son sus veedores los que acuden a las ganaderías a elegirlos. Prefieren toritos pobres de encornadura, con poca fuerza, poco riesgo, fama y dinero, antes que dignificar la Tauromaquia. No hay que acudir a los antitaurinos, basta con ver lo que estos profesionales torean como norma, para percibir el virus que asola la fiesta. Para evitar este fraude es necesario que la autoridad -que pintamos poco junto a la empresa- se vea respaldada por una afición exigente. Un aficionado solo será exigente cuando sabe valorar lo que ve. A los toros debemos de ir a pasarlo bien, pero no a ser tontos. Los toreros se aprovechan del público feriado al que engañan día sí y otro también.

A las 12 de la mañana del día de la corrida se hace el sorteo. Los banderilleros de cada cuadrilla emparejan los toros en lotes de dos en dos para cada matador tratando que ninguno resulte perjudicado. En unas papeletas que suelen ser de papel de fumar se anotan los números de cada lote, se doblan haciendo bolitas y se introducen en la copa de un sombrero que se tapa y se mueve. Por orden de antigüedad del espada anunciado, su representante mete la mano en el sombrero y saca la papeleta. Una vez se sabe qué dos toros le han tocado a cada torero, es el banderillero de confianza de cada matador quien junto al apoderado y resto de la cuadrilla decide qué toro de su lote sale por delante, y cuál se torea en segunda posición. El primer espada torea el primer y cuarto toro, el segundo espada torea el segundo y quinto toro. Al que cierra terna le corresponde el tercer y sexto toro.

Detrás de cada uno de los otros tres portones que se abren en la valla del ruedo hay dos grandes patios (el de caballos, con cuadras para los equinos de la corrida, y el de arrastre que lleva al desolladero para el faenado de las carnes). El otro portón da acceso a la llamada <Puerta Grande>, y lo utiliza el público para entrar a la plaza, y los toreros para salir a hombros después de un gran triunfo, cuando cortan como mínimo dos orejas.

Otras dependencias son la enfermería perfectamente dotada para atender, cornadas y traumatismos, fundamentalmente. El palco de presidencia, donde se acomodan el presidente, el asesor técnico y el asesor veterinario. Algunas plazas como Madrid y Sevilla tienen palco regio para las altas jerarquías. Un reloj bien visible para computar los tiempos de la faena. Una zona para la banda de música y otra para los encargados de tocar clarines y timbales por orden de la presidencia.

Para torear corridas de toros, es decir animales que tengan entre cuatro y seis años, el torero ha tenido que tomar la alternativa (ceremonia por la que un novillero alcanza el grado superior de su profesión, toreando su primer toro). La carrera de un torero empieza por becerrista toreando añojos menores de dos años. Continúa como novillero sin picadores cuando torea erales de entre dos y tres años, y sigue como novillero con picadores cuando se enfrenta a utreros de entre tres y cuatro años que se pican. Una vez finalizada la alternativa el nuevo matador se considera <doctorado> y, de ahí en adelante ocupará una posición en los carteles donde se anuncie, según su puesto de antigüedad que le corresponda.

Conviene que los aficionados que acudan a los toros lean el cartel anunciado para interesarse por los toreros actuantes y por la ganadería. Hay aficionados llamados <toristas> a los que interesa más la ganadería a lidiar, que el torero. Es imprescindible ir aprendiendo acerca del toro porque es la base de la fiesta. Hay que tener en cuenta su trapío (presentación, encornaduras, hechuras), bravura, nobleza, y calidad en la embestida, para poder valorar el desarrollo y brillantez de la lidia que hace el torero. Un toro bravo es el que se crece en el castigo durante el tercio de varas y después manifiesta una gran acometividad y embestida durante la faena de muleta. El toreo es un arte incierto, nunca se sabe qué es lo que va a ocurrir. Por eso es muy importante estar siempre atentos sin perder detalle. Si no se consigue una buena creación artística capaz de emocionarnos, no debemos otorgar trofeo alguno. Hay que ser exigentes aprendiendo a diferenciar el torero que torea con pureza y verdad, del pegapases. Los gestos excesivos del torero de cara a la galería, sobran. Los aspavientos de la cuadrilla solicitando al público la concesión de trofeos son de una vulgaridad tremenda.

Para mí, tanto o más bonito que la corrida es la expectación, el ambiente previo. El ambiente taurino a la hora del sorteo. Los bares, el tapeo, las tertulias taurinas improvisadas con los amigos al mediodía. Los alrededores de la plaza, los reventas, el bullicio, los hoteles donde se alojan los toreros, el encuentro con conocidos.
 
Diferentes aspectos de una corrida de toros