HA VUELTO LA PUREZA DE LA CASTA SANTA COMOMA

MIGUEL FERNÁNDEZ LAPAZ

Qué lástima que se hay perdido la pureza de la mayoría de nuestros encastes.

En la pasada feria de Bilbao se lidió una corrida de “La Quinta”, que es del encasta Santa Coloma. Creí y vi un rayo de luz de la casta brava. Hace dos años vi en Madrid una novillada de esta ganadería que estuvo bien presentada con bravura y encastada, que no es ni más ni menos, que lo que debe tener un toro de lidia.

La corrida de Bilbao estuvo bien presentada fue brava y encastada y eso hizo que volviera a ilusionarme con este encaste. Los toros de Santa Coloma, nunca han tenido más de veinte muletazos entre redondos y naturales. No se les podía dar más porque aprendían y estropeaban lo antes hecho. A estos les dieron más de treinta y no mostraron las características de sus antepasados. Un aplauso y un olé por el trabajo bien hecho del ganadero.

Como el toro es la base de la fiesta, cuando sale el toro con bravura y encastado, la emoción está servida y forman toro y torero imágenes tan bellas y emocionantes que solo se pueden encontrar en nuestra Fiesta Nacional.

Tengo en mi memoria faenas que memorizándolas aún me emociono, esto solo me lo da la grandeza del toreo.

No me preocupan los antitaurinos con sus manifestaciones en contra de la fiesta de los toros. No se le puede hace más daño del que le hicieron los ganaderos en los años setenta cuando por vender mejor sus corridas las fueron descastando hasta el punto, que hay ganaderías, que nunca volvieron a ser lo que fueron. Hubo ganaderías que hicieron al toro más cómodo para el torero y pronto se apuntaron las figuras a matar estas corridas, y los que no eran tan figuras, de modo que vendían todo lo que tenían en los corrales. Al principio no se notaba la casta perdida, pero como vendían casi todo lo que tenían en los corrales tuvieron que dejar más vacas para madres sin importarles si eran más o menos bravas. Su egoísmo y su avaricia les llevo a descastar sus ganaderías hasta el punto de que muchas no volvieron a recuperarse. Se caían y no podían levantarse y a veces se echaban solos dando un espectáculo deplorable. Quitar casta al toro es fácil, lo difícil es hacer que recuperen la casta perdida.

De este modo nos quitaron los ganaderos la emoción que produce un toro bravo cuando de lejos se arranca al caballo y cuando viene a la muleta haciendo el avión y al juntarse muleta, toro y torero crean imágenes imposibles de ver en ningún otro espectáculo por su belleza y emoción. Esto nos lo quitaron a los que de verdad mantenemos la Fiesta Nacional que somos los aficionados.
 

Uno de los encastes que más me ha dolido que esté casi perdido ha sido el de Pablo Romero, para mí el toro más hermoso de todos los que he visto en una plaza de toros por sus capas cárdenas con distintos tonos, por sus hechuras, cuello redondo, ancho de pecho, casi sin badana, los cuartos traseros bien proporcionados con los delanteros, los veías y exclamabas diciendo, ¡que dije!. Y he tenido que verlo arrastrándose por los ruedos como un guiñapo. Después de ver esto yo les aseguro que no es nada fácil siendo aficionado a la fiesta de los toros.

El encaste más variopinto de todas las ganaderías es el de Concha y Sierra. Tiene todas las capas que se conocen: berrendo, burraco, sardo, salinero, negro mulato, negro zaíno, colorado, melocotón, ensabanado, jabonero, carbonero y el estornino y puede que tenga alguno más que yo no conozca. Era muy raro ver una corrida de toros con la misma capa, sin ser unos toros que destacaran en ningún tercio, cumplían en los tres y no eran muy problemáticos para el torero. Los fueron apartando de las plazas hasta el punto de casi no vender corridas. Ahora los han comprando unos franceses y se los han llevado a la Camarga Francesa y allí los recuperarán y nos darán una lección de cómo se debe cuidar y recuperar el patrimonio nacional.