UN GRAN ORCENSE Y GRAN AFICIONADO

MARIO FERNÁNDEZ CHILLÓN

Mirando objetos en un anticuario de Madrid, para mi sorpresa encontré un cartel de una novillada del año 1944, en la “Plaza de toros de Orce”. Aquello me sorprendió tanto que quise indagar a fondo en busca de alguna información que me llevara a conocer el origen de esos festejos taurinos, y quien organizaba aquellas grandes e interesantes novilladas de esa época.

Con la gran ayuda de Joaquín Castellar Casanova (al cual quiero agradecer la atención que tuvo conmigo, colaborando con su información para que pudiéramos elaborar esta crónica), llegué a conocer la figura esencial de Don Antonio Jara Mellado, que luchó mucho por la fiesta taurina de este pueblo, un auténtico aficionado, de los de verdad, de los de antes…

Me gustó tanto la historia que no dudé en desplazarme al vecino pueblo de Orce, para recabar información, y que mejor que visitar su casa donde vivió y que ahora regentan sus hijas Concha y María, las cuales nos acogieron con un cariño extraordinario y una gran amabilidad, dándonos información y transmitiéndonos esas anécdotas de Antonio Jara (su padre), y de su enorme pasión por el mundo de los toros. También por organizar novilladas en Orce, en sus fiestas, que por aquel entonces se celebraban a finales de septiembre, con los escasos medios de los que se disponía en aquellos tiempos, allá por los años cuarenta y metidos en los cincuenta.

Antonio Jara Mellado, nació allá por el año 1899, y si tuviese que definirlo, diría que fue un gran y auténtico aficionado. Fue valiente, generoso y mejor persona, que luchaba en aquellos tiempos difíciles para que en Orce brillase la novillada, ese gran festejo, que engrandecía a un pueblo. Nunca quiso figurar como organizador en ningún cartel. El solo quería trabajar en la sombra, con esfuerzo y tesón y a veces perdiendo económicamente, pero con la satisfacción del deber bien hecho, que no era otro, que se hablase de la gran faena de los novilleros actuantes y del gran espectáculo taurino que allí se celebraba.
 
Era tal su enorme afición por los toros, que ponía toda su ilusión y esfuerzos porque Orce tuviera su novillada en fiestas, en aquella “plaza de toros”, donde estaba la Ermita de San José; en una antigua balsa de trazado rectangular con unos dos metros de profundidad, con sus tapias y tablones y rodeada de sillas de madera, a modo de graderío para los espectadores. Este era el lugar designado para celebrar festejos taurinos, hacia 1940, un lugar que ofrecía condiciones óptimas y que pasó a llamarse Plaza de San José, donde hoy se ubica el Grupo Escolar, una “plaza pionera”, junto a la del Convento de Santo Domingo, en Huéscar, ya que ningún otro pueblo de la comarca oscense, aún no tenía plaza para torear. Allí se empezaron a organizar festejos, recuérdese a “Garbancito”, el valiente novillero de Castril de aquellos tiempos, afincado en Huéscar, y más tarde se construyó la que hoy es la actual Plaza de Toros de Huéscar.

Antonio Jara organizó innumerables novilladas en Orce y llevó a “Garbancito” en 1946. También se recuerda una memorable novillada del 1944 con los Hermanos Ortiz (Tomás y Pepe Luís), ambos sobrinos de Luís el veterinario. En la feria del 1947 fue sustituida la tradicional corrida de toros por un espectáculo cómico-taurino, siendo el principal artista taurino él famoso torero “Macuto”, un divertido enano que hacía reír a todo el mundo. Ya el colofón, el año 1951 y presidido en la plaza de San José, por un grupo de manolas con sus mantillas trajo el espectáculo, cómico-taurino-musical “El Empastre”, de origen valenciano. Actuaron dos tardes seguidas alcanzando un éxito memorable. Algunos de sus números musicales eran “La Raspa” ó “La Burra Sandonguera”, siempre acompañados por una gran banda de música propia. “El Empastre” años más tarde vino a Huéscar, y triunfó en las mejores plazas de España.

Uno de los momentos culminantes fueron los “encierros”. Estos novillos venían escoltados a caballo desde Santiago de la Espada hasta Orce, y al despuntar el día, los novillos precedidos de los “mansos” eran conducidos hasta la plaza San José, partiendo de la cueva de Tabernos, lugar en que habían sido depositados unos días antes. La multitud abarrotaba hasta el último rincón de la plaza.

Don Antonio se trasladó con su familia a Barcelona, a mediados de los 50, pero sin olvidar su tierra, donde volvía siempre que podía; conoció e hizo grandes amigos y toreros de la época, como Paco Camino, al que conoció de novillero y fue su gran ídolo, y que después haría pareja tantas tardes con el malogrado Diego Puerta, Miguel Báez “Litri” (padre), Julio Aparicio y Manuel Carra (de Castril), entre otros. También compartió muchos momentos con Federico Gallo (como vemos en la foto), presentador de TVE, y más tarde gobernador civil de Albacete. Visitó muchas plazas de toros, siendo las más importantes: La Maestranza y La Monumental de Barcelona. Conoció a personajes famosos de aquella época, como el mítico Ladislao Kubala, ese delantero del Barcelona, que más tarde fue seleccionador nacional, etc.

En agosto de 1970, con motivo del tradicional “refresco”, que el ayuntamiento organizaba anualmente el “día de la virgen”, que era el principal día de la feria. Se aprovecha la estancia en el pueblo, de Don Antonio, para rendirle un pequeño homenaje, ya que durante décadas el homenajeado fue una parte muy esencial al eregirse en organizador único y absoluto de los celebres festejos taurinos. Acudieron junto al homenajeado las autoridades de entonces: Juan Antonio Casanova Guillén (alcalde), Miguel Vera Jara, y el cura párroco Juan de Dios Peinado Caballero, entre otros.

Antonio Jara Mellado, falleció el 8 de Diciembre de 1978 un hombre muy querido y respetado por todos los que lo conocieron.

Nuestro más sencillo y reconocido homenaje para Don Antonio, este gran aficionado. Personas como esta son las que hacen grande el mundo de los toros.