AQUILINO GIRÓN

JUAN MIGUEL ALONSO FERNÁNDEZ

 

 

Pasa ya una semana desde que estuve con el novillero Aquilino Girón, y por más vueltas que le doy, no soy capaz de asociar al torero y a la persona, me explico: después de haber visto varias tardes al torero en la plaza frente a los novillos, todo coraje, todo atrevimiento, lleno de valor, en momentos con la inseguridad del principiante, sintiéndose protagonista y centro de la tarde; me encuentro a la persona, tímida, pausada, con toda la templanza de un veterano, midiendo todas y cada una de las respuestas, sin darse la menor importancia, en definitiva, como lo que quiere ser: una figura del toreo.

No le viene la profesión por los genes, pero fue su abuela, gran aficionada a la Fiesta Nacional, la que puso el primer grano de arena de este torero, por medio de las hoy añoradas corridas de toros en TVE. Esta afición fue germinando hasta que una noche en Baza, después de un mano a mano entre Ivo Alvarez y Joaquín Agudos, otros dos toreros de la tierra, “me gustó el ambiente del toro, como la gente admiraba y agradecía a sus toreros el esfuerzo y las faenas que habían realizado horas antes”, dice Aquilino, que inmediatamente pidió una muleta a su gran amigo Ivó y comenzó a entrenar con él. “Enteré a mis padres de esto, al principio no me echaron cuentas, pensaban que era una aventura de adolescente, pero poco a poco se fueron dando cuentas de que quería ser torero”. Sus inicios no son de lo más divertido “solo entrenar y entrenar, ver vídeos y hablar mucho de toros”, pero cuando la afición y las ganas están enteras, no cabe el aburrimiento, “en una fiesta campera me puse por primera vez delante de un becerro y la sensación que eso me produjo fue tan espectacular como nada había vivido hasta entonces, fue cuando ya decidí con firmeza que quiero ser torero”, por lo que se enrola en la Escula Taurina de Atarfe, con el matador de toros castrileño Manolo Carra y su hombre de confianza Puertollano, esto fue en el 2010, pero las dificultades fueron grandes “no podía asistir todas las sesiones, el desplazamiento de Baza a Granada era difícil y solo iba cuando podía.

“Ha habido momentos de todos, sobre todo por mi entorno más que por mí, muchos han pensado que acabaría abandonando, que es uno más que empieza pero que ante las primeras cuestas abandona, tan solo yo y mi gran amigo y compañero Ivó Alvarez, hemos confiado siempre en nuestro futuro”, comenta Girón de forma tajante y segura. Debutó el 30 de Mayo de 2010 en Mijas, donde cortó las dos orejas y el rabo al solo novillo que le ofrecieron, después y como fruto de este éxito, llegaron dos tardes en Benalmádena y otros tres festivales, ese fue el bagaje de su primera temporada como novillero.

Entendía el torero que era necesario apostar, lamentándolo mucho se vio obligado a abandonar su casa, su tierra, su familia, sus amigos y coger el petate camino de la capital, allí se enroló en la Escuela Taurina de Arganda del Rey (Madrid), que pertenece a la Fundación de Julián López “El Juli”, “fue duro, un muchacho con 17 años sin costumbre alguna de estar solo lo pasa mal, pero mi afición junto a los profesores y compañeros me ayudaron a salir del pozo”. El primer y más importante puñetazo sobre la mesa de la temporada y posiblemente de su carrera lo dio en Zújar, tanto fue su éxito que, el empresario, lo puso seguidamente en varios carteles, Motril, Sotillo, Pozo Alcón, entre otras plazas, para cerrar con la novillada de la feria de Huescar, donde fue el triunfador de esta feria oscense.